Synia Vibes

Web

Contexto

Synia Vibes fue mi proyecto final de máster y nació de una observación que aparecía de forma recurrente cada vez que hablaba con pequeños negocios, marcas personales y profesionales creativos: sabían que necesitaban construir una identidad visual coherente, pero no siempre sabían por dónde
empezar.

Cuando pensamos en branding solemos hablar de colores, tipografías, logotipos o referencias visuales.

Sin embargo, detrás de todas esas decisiones suele existir una pregunta mucho más compleja: ¿cómo quiero que se sientan las personas cuando interactúan con mi marca?

Durante la investigación descubrí que muchas personas llegaban al proceso de creación de marca con ideas, referencias e intuiciones, pero tenían dificultades para traducir todo eso en decisiones concretas.

Sabían que querían conectar con su público, transmitir profesionalidad, cercanía, confianza o personalidad, pero les costaba convertir esas sensaciones en un sistema visual coherente.

Esa observación fue el punto de partida de Synia Vibes: una herramienta digital diseñada para acompañar a personas sin experiencia en branding durante el proceso de definición de su identidad visual.

Herramientas + Metodología

icons8-figura-100

Figma

icons8-figura-100

Design thinking

El reto

Desde el inicio tuve claro que no quería diseñar una herramienta que simplemente generara combinaciones de colores o recomendara tipografías.

El reto consistía en abordar un problema más profundo: ayudar a personas que no hablan el lenguaje del diseño a tomar decisiones visuales con mayor seguridad y criterio.

A medida que avanzaba la investigación apareció una tensión especialmente interesante. Por un lado,
las personas necesitaban orientación porque se sentían perdidas ante la enorme cantidad de opciones disponibles. Por otro, tampoco querían que una herramienta decidiera por ellas o les impusiera una solución cerrada.

La experiencia debía encontrar un equilibrio delicado entre acompañar y dejar espacio para la creatividad personal.

La pregunta que acabó guiando todo el proyecto fue sencilla:
¿Cómo puedo ayudar a una persona a construir una identidad visual coherente sin necesidad de tener conocimientos previos de diseño o branding?

Investigación

La fase de investigación fue la parte más extensa e importante de todo el proyecto.

Comencé realizando un análisis de herramientas existentes para entender cómo se estaba abordando actualmente la creación de identidades visuales. Muchas soluciones se centraban en aspectos
puramente visuales o técnicos, mientras que otras generaban resultados automáticos sin profundizar
en la personalidad de la marca.

A partir de ahí desarrollé encuestas y entrevistas en profundidad con personas que estaban construyendo proyectos propios o habían pasado recientemente por procesos de creación de marca.

Mi objetivo no era preguntar qué colores les gustaban o qué estilo preferían. Quería entender cómo pensaban, qué dificultades encontraban y qué necesitaban realmente para sentirse seguras durante
ese proceso.

Las entrevistas revelaron algo especialmente interesante: las personas no hablaban en términos de branding.

Nadie decía que quería una identidad visual minimalista o una paleta cromática concreta.

Lo que aparecía constantemente eran preocupaciones mucho más humanas:

  • Querer que la marca reflejara quiénes eran.
  • Transmitir confianza sin parecer fríos.
  • Mostrar profesionalidad sin resultar distantes.
  • Conseguir diferenciarse sin perder autenticidad.
  • Conectar emocionalmente con las personas adecuadas.

 

A partir de las entrevistas, los mapas de empatía y la extracción de insights identifiqué un patrón muy
claro: las personas tenían facilidad para hablar de sensaciones, valores y percepciones, pero
encontraban dificultades cuando debían transformar todo eso en decisiones visuales concretas.

Ese descubrimiento cambió completamente la dirección del proyecto.

Usuarios

La investigación me permitió identificar distintos perfiles de usuarios, desde profesionales
independientes hasta pequeñas marcas que estaban construyendo su identidad visual desde cero.

Aunque sus contextos eran diferentes, todos compartían una misma necesidad: encontrar una forma de traducir quiénes eran y qué querían transmitir en una identidad visual coherente.

Muchos de ellos acumulaban referencias en Pinterest, guardaban capturas de pantalla o seguían marcas que admiraban, pero les resultaba complicado entender qué elementos hacían que una identidad funcionara y cómo aplicar esos aprendizajes a sus propios proyectos.

Más que falta de creatividad, lo que encontré fue falta de herramientas que les ayudaran a ordenar ideas, detectar patrones y tomar decisiones con confianza.

Definición de la solución

Tras analizar toda la información recogida, comprendí que la solución no debía empezar por colores, tipografías o estilos visuales.

Debía empezar por aquello de lo que los usuarios hablaban constantemente: las sensaciones que querían generar.

Por eso decidí estructurar toda la experiencia alrededor de emociones y atributos de marca.

La idea consistía en ayudar a las personas a identificar primero qué querían transmitir y utilizar esa información como base para construir posteriormente el resto de decisiones visuales.

De esta forma, el proceso dejaba de ser una sucesión de elecciones estéticas aisladas para convertirse en una experiencia guiada y estratégica.

Arquitectura de la experiencia

Una vez definida la hipótesis principal, trabajé en la arquitectura de información y en la definición de los
flujos de navegación.

Diseñé un recorrido progresivo que permitiera al usuario avanzar desde la reflexión inicial sobre su
marca hasta la obtención de propuestas visuales alineadas con sus objetivos.

Para ello desarrollé sitemaps, user flows y distintas iteraciones de wireframes que me ayudaron a
validar la estructura antes de pasar al diseño visual.

Mi prioridad era reducir la carga cognitiva y evitar que el usuario se sintiera abrumado por la cantidad de decisiones que debía tomar.

Cada pantalla debía aportar contexto, claridad y orientación sin generar sensación de complejidad.

Diseño visual

La identidad visual de Synia Vibes debía reflejar la esencia del propio producto.

Busqué un lenguaje visual contemporáneo, accesible y creativo que transmitiera profesionalidad sin resultar frío ni excesivamente técnico.

La interfaz combina una estructura clara con elementos visuales que aportan personalidad y cercanía, reforzando la idea de que el branding no es únicamente una cuestión estética, sino también emocional.

Todas las decisiones visuales se tomaron buscando un equilibrio entre claridad, inspiración y facilidad de uso.

Wireframes

La fase de prototipado fue especialmente importante porque me permitió transformar una idea conceptual en una experiencia tangible.

Comencé trabajando con wireframes de baja fidelidad para validar jerarquías, flujos y organización de contenidos. Esto me permitió detectar puntos de fricción antes de invertir tiempo en aspectos visuales.

Responsive

Diseño final

A medida que el proyecto evolucionaba fui refinando la estructura hasta llegar a un prototipo de alta fidelidad que simulaba la experiencia completa.

Durante este proceso presté especial atención a la progresión de la información, la claridad de las decisiones y el acompañamiento constante al usuario.

Quería que la herramienta transmitiera la sensación de estar guiando una conversación, no de estar rellenando formularios.

Cada interacción debía ayudar a avanzar, reflexionar o comprender mejor la identidad que se estaba construyendo.

Reflexión

Synia Vibes me enseñó algo que ha influido en mi manera de entender el diseño desde entonces.

Muchas veces los usuarios no necesitan más opciones. Necesitan herramientas que les ayuden a comprender mejor lo que ya saben, pero todavía no saben expresar.

La investigación demostró que detrás de decisiones aparentemente visuales existen necesidades, emociones e inseguridades mucho más profundas. Comprenderlas fue lo que permitió construir una solución realmente útil.

Este proyecto reforzó mi convicción de que el diseño no consiste únicamente en crear interfaces atractivas, sino en entender cómo piensan las personas y diseñar experiencias que les ayuden a avanzar con mayor confianza.

Más allá de la solución final, el valor real de Synia Vibes estuvo en descubrir que las mejores decisiones de diseño aparecen cuando dejamos de centrarnos en las pantallas y empezamos a escuchar a las personas.